domingo, 27 de marzo de 2016

Fin del Mundo

No va a dar ninguna hora mas. El campanario de la aldea, no va a volver a hacerlo. Un último sonido estrepitoso ha afirmado la cruel realidad. Se ha destrozado desde la base, como toda la aldea, en la que habita furioso fuego mientras él trata de escapar. Ya aparece casi todo calcinado ante su mirada incrédula. Se parece al fin del mundo, pero es solo la aldea, piensa mientras corre con el cuello virado hacia la muerte de sus compañeros. Ya nada puede hacerse, solo corre, sigue diciéndose. Pero sus tobillos, las plantas de los pies, su cuerpo desnudo con el pudor ya olvidado, ennegrecido de ceniza no le ofrece una óptima velocidad. Van a cogerme, piensa ahora, él sabe que está muerto, el aliento de sus agresores ya acaricia su cuello recubierto de ceniza. Exhausto ha tropezado, cae ante un sauce llorón al que abraza como el hijo buscando la materna protección. No implora clemencia, no implora simplemente. Dijo adiós a la esperanza cuando comenzó a correr, pero había que correr, lo asume. Mira a su verdugo, expira, se inmiscuye en la aldea con su última visión. El cañón le mira embravecido. Ahora no es sólo la aldea. Ya no pertenezco ha sido el estertor: Cerró los ojos antes de que la bala hubiera impactado, y con los ojos vueltos y el sabor a hierro de la sangre ya había sido el fin del mundo, habiéndose ido por sus ojos. Y no volviendo jamás.

martes, 8 de marzo de 2016

Numquam Memoriae

Olvidar.
Verbo perseguido por tantos
A sensu contrario inevitable

Trinos como el Dios que no ansío encontrar.
(Inexcogitable en su certeza y sin encuentros)
Somos
      Pasado
         Presente
              Futuro.
Cargados seres de memoria insoslayable.

                

domingo, 7 de febrero de 2016

Divagaciones planas y nada trascendentes de un chico que suele desayunar solo.

Advertí que la negra noche siempre tiene en la altura a la mansa luna. Que la luna era luna, siempre
llena y que la visión que otorga mi mente es siempre ínfima y esto no la hace más menguante a ella y si más mínimo a mí. Pero también consideré, siempre desde una humildad de la que es ya pecado mentarla, que mi pensamiento me formaba a mí, y por ende debía aprender de todo cuanto me rodeaba y de todos. Pensar no es pensamiento, sí el inicio, como parece obviarse.  Redondeé el concepto de pensamiento en base a una definición que con toda probabilidad es mentira, pero sería una atrocidad creer que no tiene parte de verdad. Indiqué para mi mismo que el Pensamiento Propio era una serie de puntos de vista en base a aspectos generales y extrínsecos que se reúnen inflexiblemente con aspectos específicos e intrínsecos. Todos ellos superpuestos y donde no necesariamente unos priman sobre otros. Luego di otro bocado a mi mixta de mantequilla y mermelada y reparé en que un momento a solas puede llegar a ser igual de satisfactorio que una interacción social, o mucho más ¿por qué no? Indagando aún más resolví un misterio que me tuvo en vilo años: Mi soledad atendía a aspectos de necesidad, la imperiosa necesidad de estar acompañado y paradójicamente lo descubrí en un período del día donde mis compañeras eran la manchada y la mixta, a las que les tengo una estima superior, todo ha de ser dicho. Rematé de un bocado la mixta, cada vez más solo, desenvainé el cigarro que acompaña por definición a mi manchada. Soy un poco desastre, he de admitirlo, pero en el noble arte de desayunar a media mañana mi método es  puramente cartesiano. Mi mente suele ser tan activa como veleidosa, es por esto que inexplicablemente acabé pensando como serían aquellas situaciones orgiásticas en honor de Dionisio, mi deidad favorita. Duró poco. Luego volví al concepto del pensamiento y lo fusioné al ente solitario (no único, que somos todos) que yo representaba. ¿No era acaso necesario esa soledad para pensar? Nunca pude saberlo. Llegó un conocido, se sentó y la conversación bifurcó, traspasó el soliloquio silencioso, se hizo dual y por consiguiente sonora y nos condujo a temas terrenales. Mi café se había quedado frío y hasta hoy había olvidado que pensé en todo aquello.



                           ´´La mente del poeta nunca descansa; ni siquiera en sueños``-Jorge Luis Borges.

viernes, 8 de enero de 2016

Atardece.

Atardece simplemente, y el sol resbala hacia otro lado,

Emerge la luna aún algo dormida, algo pausada y de su mano el tinto de la tierra,

Cae la madrugada, suena el silencio, me estremecen sus crujidos y

Tus ojos felinos, aparecidos del silencio,

Escuchémoslo, no digamos nada,
Que nos cuente, de tu y yo,

El palpitar, la respiración entrecortada, el nosotros al fin y al cabo,

Desde el ocaso hasta el alba...

lunes, 21 de diciembre de 2015

Charlotte.

Yo no se quien es Charlotte, lo reconozco. Podría ser todas, o podría ser concretamente una. Charlotte quizá sea el amor de mi vida, es una posibilidad entre tantas. A lo mejor Charlotte es un paso efímero por mi vida en algún futuro. ¿Que estará haciendo Charlotte ahora? Esa de tantas, ella en concreto. Quizá duerma una pequeña siesta o su huso horario sea diferente al mío. Quien puede afirmarme si ella es la más rica de su ciudad o una de las más pobres de su país. Yo no se quien es Charlotte, como ya he dicho, no me creo capaz de definirla si quiera. Charlotte podría ser rubia o pelirroja. Blanca, negra, asiática... A lo mejor es activista y lucha por sus causas, o quizá está centrada en un proyecto. Puede que Charlotte aun sea muy joven, y me queden tantos años para encontrarla. Hay las mismas posibilidades, una entre cuatro, de que me la encuentre en las diversas estaciones. Que angustia me hace el pensar que nunca me encuentre o nos topemos de casualidad. Se necesitan una serie de circunstancias para que nos encontremos, o eso creo, aunque yo esté predispuesto. Pienso en Charlotte y me sobreviene una esencia, no es cuerpo aún para mi mente, pero podría acaso imaginarla. A lo mejor Charlotte ya ha muerto, y nuestro tiempo había divergido sin que fuéramos parte de la decisión. A lo mejor he muerto y ella continúa buscando a lo largo del siglo venidero. ¿Tendrá Charlotte el pelo rizado? ¡Cómo voy a saberlo, amigos! Me queda una última pregunta, aunque la sucesión de preguntas en el hombre durante su vida se torne infinita: ¿Por qué Charlotte? ¡Qué mas dará! Charlotte es un nombre como otro cualquiera, genérico y que sirve para que socialmente nos identifiquemos. Yo espero que Charlotte me saque una sonrisa cuando lo necesite, y me devuelva a la realidad cuando esté equivocado, yo quiero querer a Charlotte del mismo modo que ella me quiera a mí, con equilibrio. El amor sin eso es un vicio en las personas, no pienso pedir comportamientos obsesivos hacia mi persona. No tengo idea de si cuando me tome un café esta tarde veré a Charlotte de pasada y nunca mas la encuentre porque era tan solo un viaje de familia. Yo quiero a Charlotte: ¡Se llame como se llame! Pero aunque exista, puede que nunca la encuentre. ¿Y qué? Yo no necesito a Charlotte, a mi Charlotte, con el nombre que tenga. Yo me necesito a mi. Si yo no fuera yo para mi, como Charlotte es para ella ``yo`` sin el nombre de Charlotte... Yo no tendría ni una posibilidad de encontrarme con Charlotte. Yo quiero a Charlotte, se llame como se llame. Pero no voy a buscarla, Charlotte es alguien que debe sobrevenir a las circunstancias, si es que puede, pues se que Charlotte tampoco me ha estado buscando...


                         Adiós, Charlotte.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Materiales.

Estas líneas que escribo, eran en principio una novela. La intención de llevarla a cabo fue, en su momento, mi interés en lo que se denomina Derecho Consuetudinario o quizá Derecho natural-puede que un híbrido entre las dos-. La no ejecución de tal obra, además de por el calibre y tiempo inspirado (del que realmente dispongo a duras penas) fue, finalmente por mi desconocimiento total sobre lingüistica y logopedia, que eran, además del derecho ya mentado, parte fundamental para la satisfacción de la empresa pretendida. Y, para finalizar esta explicación, tan innecesaria para mí, como necesaria para quien lo lea, decir: Si alguien que lo lee se ve capacitado para obtener una novela de dicho relato aquí expuesto, que no me falte al honor, y en su plagio, lo haga con maravillosa literatura. Dicho lo cual, prosigamos.


Imaginaos ahora, como imaginé yo en el momento en que empecé a maquinar la obra, un gran destello de luz, total, que abarcara la totalidad de lo que conocemos como planeta Tierra. Tras aquel destello fugaz, de tan sólo unos segundos, he de decir que producido en nuestro tiempo: S. XXI, cayéramos todos al suelo, aturdidos. La totalidad del planeta golpeada por una suerte de colapso desconocido. Ciencia ficción, sí. Quiero hacer hincapié en totalidad: Todo humano se vería afectado por las consecuencias, cada uno, hasta la suma de todos. Tras ese destello, el cerebro humano se vería sumido en una amnesia irreductible. Una amnesia, consideremos a grosso modo, sana. Las capacidades cerebrales de cada uno totalmente iguales a la situación  pre-destello, por llamarla de alguna manera. Sin embargo, sin recordar el habla, sin reconocer siquiera las personas fundamentales en las que se basaba su vida. Nada. Para mayor comprensión, un reseteo, una mente a cero.

¿Cómo se levantarían esas personas entonces? Aclaro, sus cinco sentidos estarían totalmente intactos. ¿Como se mirarían las parejas que veían la televisión en ese momento?, las familias reunidas en la cena. La gente de los continentes y países más paupérrimos observando la tierra salvaje que les pertenece. Mirandóse, en todos los ámbitos sociales a la cara, extrañados, por no saber mediar palabra ni que están haciendo allí. Sin saber siquiera que son extraños. Como descubrirse ante la tecnología, y ver emisiones televisivas sin saber de donde nace aquello. Encontrar la lavadora funcionando, y fotos y más fotos. Descubrir tu móvil y sus cientos de mensajes, sin capacidad para comprenderlos. Visualizar los coches, metros, trenes, aviones y no saber que hacer con ellos. Erguir la vista hacia un rascacielos y que resulte incomprensible. Y visto desde fuera estaría seguro, no por el cariño de que hubiera sido yo mismo el escritor, sino por la capacidad de raciocinio humano, que hubiéramos vuelto, quizá con lenguajes diferentes. Mentalidades muy distintas. Y esa familia, que se miraba despavorida durante la cena, tras reflejarse en un espejo, y mirar aquellas fotos cargadas de sonrisas hubieran comprendido que es lo que sentían. Tras un tiempo, hubiéramos redescubierto el porqué de los vehículos, y como los habíamos conseguido. Porque al final, la tecnología no es nada, sin embargo, la razón humana, es básicamente todo. Porque la razón es el propio inicio. Porque: Pienso, Luego existo. Por lo tanto, y esta fue mi pretensión primordial, era ver que realmente la tecnología no es nada. Solemos decir, es que todo ya lo hace una máquina, pero sin nosotros, hubiera sido imposible. Imaginaos que esa familia fueran máquinas, no podrían darse cuenta de lo que suponen el uno para el otro. Somos humanos, y los humanos, además de pensar, sienten. Y quizá si no sintiéramos seríamos tristes colmenas. Pero lo más importante de esa novela, era, que al salir a la calle aturdidos e incluso aterrados, con dificultades para andar, el rico ya no era rico, el pobre ya no era pobre, el indigente ya no era indigente, en cambio, todos buscaban ayuda en quien fuere, por una vez en la vida, sin distinción...

domingo, 6 de diciembre de 2015

Un domingo a las 1 de la Madrugada.

Cansado, con la temperatura elevada del páramo susurrando que me rinda.
Indeciso, feliz por una parte, triste a la vez, aún no se, de ninguno de los dos estados cual es su sentido. Candente como la mañana que moría Beatriz Viterbo según Borges. Inspirado, no, no creo que esté inspirado hermano, me cuesta relatar esto y aquello. Dubitativo, ya no se si es amor lo que siento, o un especial cariño hacia los recuerdos que finalmente he seleccionado de aquel otrora. Melancólico como la música que escucho. Libre como nuestros pensamientos que al final son la propiedad intangible que más valoro. Borracho, como cuando llega el vino de la tierra al jueves noche. Mágico, parecido al realismo latinoamericano, son conversaciones que mantengo con la gente a la que aprecio. Liberado, no, no me repito en libertad, sé lo que digo, liberado de aquella sensación de hace dos años, de hace no se cuantos sueños: donde habitaban el Citalopram y el diazepam, cada mañana y cada noche, donde la necesidad de evadirme era sustancial en cada hora...

No, no quería ser hombre masa, lo reconozco. Pero me equivoqué al ejecutarlo, ¿Quién era? Vaya pregunta, y a veces pensaba que éramos ambos y otras tantas que estaba solo. La inmadurez, amigo, controlando la inseguridad como quisiere, a su libre albedrío, pastando por mi subsconsciente. Sí. Pues claro: somos esto y aquello, somos Aleph en nosotros mismos, cuando callamos, cuando reímos. Cuando nos decepcionamos, cuando decepcionamos nosotros. Somos heridas cicatrizadas, la llegada subsconsciente al punto que ya conocemos tras caminar los decisivos pasos. Somos todo y todos, ¿por qué íbamos a ser nada? Somos constante cambio, somos hijo, primo, hermano, amigo, novia, marido. Espero ser padre. Que sueño de parentesco tan mínimo y acaso no es posiblemente el más grande. Tenía dieciocho y creía saberlo todo, y aquella equivocación, que conveniente. Dos años después me esfuerzo por comprender tan solo el mínimo, aunque no me baste, es el principio. Que bonito es el error, comentaba con mi padre hace un par de tardes, sin él no seríamos nada, absolutamente nada. Como hemos llegado aqui. Los hombres habrán errado y enmendado. Y habrán tenido tiempo de otras muchas cosas... comentaba con mi padre esa misma tarde, que el mundo mismo ha de ser un error. Pues menuda anomalía, Ni un lugar cerca con estas características conocido, que error más bonito, Señor Universo, el que nos ha legado, a lo que ha sobrevivido...