martes, 8 de marzo de 2016

Numquam Memoriae

Olvidar.
Verbo perseguido por tantos
A sensu contrario inevitable

Trinos como el Dios que no ansío encontrar.
(Inexcogitable en su certeza y sin encuentros)
Somos
      Pasado
         Presente
              Futuro.
Cargados seres de memoria insoslayable.

                

domingo, 6 de marzo de 2016

Nada/Onírica/Nada

Si mi concepción de la nada fuera que su estado es absoluto, perpétuo e inalterable, las siguientes líneas habrían quedado ya desprovistas de sentido. La nada debe ser algo así como un inicio, un punto de partida (que no tiene por que ser un punto de partida propiamente dicho) que puede no llegar a alterarse nunca pero donde esa posibilidad es en todo momento susceptible. Es su paradoja en realidad la que me atrae: como en la nada, cabe absolutamente todo. Pero, yo nunca he visto la nada, ni siquiera puedo plantearme que lo siguiente al óbito sea la nada, aunque la idea resulte tentadora y cargada de sentido, ¿y si ya muerto primero está la nada y luego algo más, que no tendría por qué llamar vida?

Creo que el lugar más parecido a la nada es el mundo onírico, allá en los sueños, que empiezan con la relajación casi total de cuerpo y mente, la nada (o algo parecido) crea un plano donde luego las más variadas historias se recrean de manera íntima. Sin la nada, no habría realidad, porque no habría lugar donde las cosas pudieran establecerse, sin la nada onírica, no habría sueños, y los sueños parecen ser una realidad. Una realidad unipersonal de un estado concreto, conformada por la deformación de la vigilia pero donde las propias sensaciones son aquellas que nuestra humanidad nos proporciona. Lo que no me he atrevido a evaluar es sin en el punto de partida de esa nada, que ha de tener inevitablemente un inicio, la percepción racional sería miedo o placer, aunque probablemente la nada, no esté hecha para seres terrenales.