viernes, 8 de enero de 2016

Atardece.

Atardece simplemente, y el sol resbala hacia otro lado,

Emerge la luna aún algo dormida, algo pausada y de su mano el tinto de la tierra,

Cae la madrugada, suena el silencio, me estremecen sus crujidos y

Tus ojos felinos, aparecidos del silencio,

Escuchémoslo, no digamos nada,
Que nos cuente, de tu y yo,

El palpitar, la respiración entrecortada, el nosotros al fin y al cabo,

Desde el ocaso hasta el alba...

lunes, 21 de diciembre de 2015

Charlotte.

Yo no se quien es Charlotte, lo reconozco. Podría ser todas, o podría ser concretamente una. Charlotte quizá sea el amor de mi vida, es una posibilidad entre tantas. A lo mejor Charlotte es un paso efímero por mi vida en algún futuro. ¿Que estará haciendo Charlotte ahora? Esa de tantas, ella en concreto. Quizá duerma una pequeña siesta o su huso horario sea diferente al mío. Quien puede afirmarme si ella es la más rica de su ciudad o una de las más pobres de su país. Yo no se quien es Charlotte, como ya he dicho, no me creo capaz de definirla si quiera. Charlotte podría ser rubia o pelirroja. Blanca, negra, asiática... A lo mejor es activista y lucha por sus causas, o quizá está centrada en un proyecto. Puede que Charlotte aun sea muy joven, y me queden tantos años para encontrarla. Hay las mismas posibilidades, una entre cuatro, de que me la encuentre en las diversas estaciones. Que angustia me hace el pensar que nunca me encuentre o nos topemos de casualidad. Se necesitan una serie de circunstancias para que nos encontremos, o eso creo, aunque yo esté predispuesto. Pienso en Charlotte y me sobreviene una esencia, no es cuerpo aún para mi mente, pero podría acaso imaginarla. A lo mejor Charlotte ya ha muerto, y nuestro tiempo había divergido sin que fuéramos parte de la decisión. A lo mejor he muerto y ella continúa buscando a lo largo del siglo venidero. ¿Tendrá Charlotte el pelo rizado? ¡Cómo voy a saberlo, amigos! Me queda una última pregunta, aunque la sucesión de preguntas en el hombre durante su vida se torne infinita: ¿Por qué Charlotte? ¡Qué mas dará! Charlotte es un nombre como otro cualquiera, genérico y que sirve para que socialmente nos identifiquemos. Yo espero que Charlotte me saque una sonrisa cuando lo necesite, y me devuelva a la realidad cuando esté equivocado, yo quiero querer a Charlotte del mismo modo que ella me quiera a mí, con equilibrio. El amor sin eso es un vicio en las personas, no pienso pedir comportamientos obsesivos hacia mi persona. No tengo idea de si cuando me tome un café esta tarde veré a Charlotte de pasada y nunca mas la encuentre porque era tan solo un viaje de familia. Yo quiero a Charlotte: ¡Se llame como se llame! Pero aunque exista, puede que nunca la encuentre. ¿Y qué? Yo no necesito a Charlotte, a mi Charlotte, con el nombre que tenga. Yo me necesito a mi. Si yo no fuera yo para mi, como Charlotte es para ella ``yo`` sin el nombre de Charlotte... Yo no tendría ni una posibilidad de encontrarme con Charlotte. Yo quiero a Charlotte, se llame como se llame. Pero no voy a buscarla, Charlotte es alguien que debe sobrevenir a las circunstancias, si es que puede, pues se que Charlotte tampoco me ha estado buscando...


                         Adiós, Charlotte.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Materiales.

Estas líneas que escribo, eran en principio una novela. La intención de llevarla a cabo fue, en su momento, mi interés en lo que se denomina Derecho Consuetudinario o quizá Derecho natural-puede que un híbrido entre las dos-. La no ejecución de tal obra, además de por el calibre y tiempo inspirado (del que realmente dispongo a duras penas) fue, finalmente por mi desconocimiento total sobre lingüistica y logopedia, que eran, además del derecho ya mentado, parte fundamental para la satisfacción de la empresa pretendida. Y, para finalizar esta explicación, tan innecesaria para mí, como necesaria para quien lo lea, decir: Si alguien que lo lee se ve capacitado para obtener una novela de dicho relato aquí expuesto, que no me falte al honor, y en su plagio, lo haga con maravillosa literatura. Dicho lo cual, prosigamos.


Imaginaos ahora, como imaginé yo en el momento en que empecé a maquinar la obra, un gran destello de luz, total, que abarcara la totalidad de lo que conocemos como planeta Tierra. Tras aquel destello fugaz, de tan sólo unos segundos, he de decir que producido en nuestro tiempo: S. XXI, cayéramos todos al suelo, aturdidos. La totalidad del planeta golpeada por una suerte de colapso desconocido. Ciencia ficción, sí. Quiero hacer hincapié en totalidad: Todo humano se vería afectado por las consecuencias, cada uno, hasta la suma de todos. Tras ese destello, el cerebro humano se vería sumido en una amnesia irreductible. Una amnesia, consideremos a grosso modo, sana. Las capacidades cerebrales de cada uno totalmente iguales a la situación  pre-destello, por llamarla de alguna manera. Sin embargo, sin recordar el habla, sin reconocer siquiera las personas fundamentales en las que se basaba su vida. Nada. Para mayor comprensión, un reseteo, una mente a cero.

¿Cómo se levantarían esas personas entonces? Aclaro, sus cinco sentidos estarían totalmente intactos. ¿Como se mirarían las parejas que veían la televisión en ese momento?, las familias reunidas en la cena. La gente de los continentes y países más paupérrimos observando la tierra salvaje que les pertenece. Mirandóse, en todos los ámbitos sociales a la cara, extrañados, por no saber mediar palabra ni que están haciendo allí. Sin saber siquiera que son extraños. Como descubrirse ante la tecnología, y ver emisiones televisivas sin saber de donde nace aquello. Encontrar la lavadora funcionando, y fotos y más fotos. Descubrir tu móvil y sus cientos de mensajes, sin capacidad para comprenderlos. Visualizar los coches, metros, trenes, aviones y no saber que hacer con ellos. Erguir la vista hacia un rascacielos y que resulte incomprensible. Y visto desde fuera estaría seguro, no por el cariño de que hubiera sido yo mismo el escritor, sino por la capacidad de raciocinio humano, que hubiéramos vuelto, quizá con lenguajes diferentes. Mentalidades muy distintas. Y esa familia, que se miraba despavorida durante la cena, tras reflejarse en un espejo, y mirar aquellas fotos cargadas de sonrisas hubieran comprendido que es lo que sentían. Tras un tiempo, hubiéramos redescubierto el porqué de los vehículos, y como los habíamos conseguido. Porque al final, la tecnología no es nada, sin embargo, la razón humana, es básicamente todo. Porque la razón es el propio inicio. Porque: Pienso, Luego existo. Por lo tanto, y esta fue mi pretensión primordial, era ver que realmente la tecnología no es nada. Solemos decir, es que todo ya lo hace una máquina, pero sin nosotros, hubiera sido imposible. Imaginaos que esa familia fueran máquinas, no podrían darse cuenta de lo que suponen el uno para el otro. Somos humanos, y los humanos, además de pensar, sienten. Y quizá si no sintiéramos seríamos tristes colmenas. Pero lo más importante de esa novela, era, que al salir a la calle aturdidos e incluso aterrados, con dificultades para andar, el rico ya no era rico, el pobre ya no era pobre, el indigente ya no era indigente, en cambio, todos buscaban ayuda en quien fuere, por una vez en la vida, sin distinción...

domingo, 6 de diciembre de 2015

Un domingo a las 1 de la Madrugada.

Cansado, con la temperatura elevada del páramo susurrando que me rinda.
Indeciso, feliz por una parte, triste a la vez, aún no se, de ninguno de los dos estados cual es su sentido. Candente como la mañana que moría Beatriz Viterbo según Borges. Inspirado, no, no creo que esté inspirado hermano, me cuesta relatar esto y aquello. Dubitativo, ya no se si es amor lo que siento, o un especial cariño hacia los recuerdos que finalmente he seleccionado de aquel otrora. Melancólico como la música que escucho. Libre como nuestros pensamientos que al final son la propiedad intangible que más valoro. Borracho, como cuando llega el vino de la tierra al jueves noche. Mágico, parecido al realismo latinoamericano, son conversaciones que mantengo con la gente a la que aprecio. Liberado, no, no me repito en libertad, sé lo que digo, liberado de aquella sensación de hace dos años, de hace no se cuantos sueños: donde habitaban el Citalopram y el diazepam, cada mañana y cada noche, donde la necesidad de evadirme era sustancial en cada hora...

No, no quería ser hombre masa, lo reconozco. Pero me equivoqué al ejecutarlo, ¿Quién era? Vaya pregunta, y a veces pensaba que éramos ambos y otras tantas que estaba solo. La inmadurez, amigo, controlando la inseguridad como quisiere, a su libre albedrío, pastando por mi subsconsciente. Sí. Pues claro: somos esto y aquello, somos Aleph en nosotros mismos, cuando callamos, cuando reímos. Cuando nos decepcionamos, cuando decepcionamos nosotros. Somos heridas cicatrizadas, la llegada subsconsciente al punto que ya conocemos tras caminar los decisivos pasos. Somos todo y todos, ¿por qué íbamos a ser nada? Somos constante cambio, somos hijo, primo, hermano, amigo, novia, marido. Espero ser padre. Que sueño de parentesco tan mínimo y acaso no es posiblemente el más grande. Tenía dieciocho y creía saberlo todo, y aquella equivocación, que conveniente. Dos años después me esfuerzo por comprender tan solo el mínimo, aunque no me baste, es el principio. Que bonito es el error, comentaba con mi padre hace un par de tardes, sin él no seríamos nada, absolutamente nada. Como hemos llegado aqui. Los hombres habrán errado y enmendado. Y habrán tenido tiempo de otras muchas cosas... comentaba con mi padre esa misma tarde, que el mundo mismo ha de ser un error. Pues menuda anomalía, Ni un lugar cerca con estas características conocido, que error más bonito, Señor Universo, el que nos ha legado, a lo que ha sobrevivido...

domingo, 25 de octubre de 2015

Crcnstncs

 Y de repente articulaba en sus labios una idea pobre, carente de pensamiento y, aunque no lo pudiera entrever, nada humilde: ``Eso es como todo`` musitó a su receptor, segundos antes emisor de una realidad social que le afectaba  directamente y le atacaba cada noche en ansiosa preocupación al conciliar un sueño de baja calidad. Y este receptor, algunos segundos atrás emisor, como ya he dicho, hizo una mueca dolorida, revestida de disimulo y algo de estupefacción. Y el receptor de aquella, antes emisor pero, al principio, ya saben, receptor de una realidad social que no ha de ser (aunque pudiera) aquí mentada, diose  cuenta de que el dolor de aquella mueca había sido, antes de si misma, ya justificada; diose cuenta de que el filósofo tenía razón.

sábado, 1 de agosto de 2015

Ansiedad matinal.

Son más pulsaciones de las que mi corazón necesita, innecesarias, con la sensación equívoca de la necesidad de hacer algo una mañana sabática de verano. Suenan las campanas de una iglesia cercana, no llego a enumerarlas en su totalidad. Es otra resaca con la ansiedad que me provoca que niguna copa fuese contigo...

miércoles, 20 de mayo de 2015

Ego Pulvis

Persigo, sin demora, el vaivén de tus caderas,
Hasta donde el universo llegue y paro,
Exhausto, desolado, fugitivo 
Cuando tu alma para, no lejos de mí
A una distancia prudente, sin embargo
Y gravito más de lo que debo
Hincando las rodillas, en la lava
Que emana de tus ojos;
Atormentada mi ilusión, camino,
Despacio, pero no lento
Incordiando a mi mente
Hasta desnudarte en el recuerdo y
Me hagas polvo, de nuevo, aunque no quieras, no lo sepas,
Ni siquiera.
En lo que nos convertiremos, algún dia corporalmente.