domingo, 27 de enero de 2013
El país de Tú en mi cama.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Recuérdeme el dolor.
lunes, 12 de noviembre de 2012
El tiempo es nunca.
El tiempo siempre tan relativo se me hizo eterno y allí, en medio de una nada invisible, mi esperanza envejeció.
Nunca supe ni sabré lo que podría haber pasado en esos instantes tan distintos. Nunca conoceré si hice lo correcto. Pero con voz queda, con un pequeño atisbo de tristeza y más bien pocas conjeturas esbozo, quizá con socarronería, quizá intentando ocultar una marea revuelta de intersecciones entre alma y razón un «Adiós para siempre» que curiosamente escapará a la nada. Pues nada terminó por pasar.
“El tiempo de engañar a los hombres se acaba.” — Pedro I. Emperador de Brasil.
domingo, 23 de septiembre de 2012
El Yo de sin tí.
Mientras te recuerdo en este insomio insoportable que me ataca cada día. Arrancándome de soñar contigo para pensar en si hice mal en atreverme. Pensando en aquel día en que la poca sombra que quedaba se esfumó sin dejar ni rastro de mí. Pues mi alma marchó contigo. No hay remedio para este mortificado, que sentado sobre la cama recoge recuerdos que a veces le emocionan y otras le enrabian. Es frustante pensar en tí. Sí. Es frustrante no poder quemarte en mi mente como fotos que se derriten a trozos en la chimenea que encendí y que combustiona mi alma. Ya no recuerdo tu figura. Se me han olvidado los tonos de tu susurro. Pero jamás podré olvidarte. Porque el yo de sin tí se alimenta de verte cada día como el último, como el primero. Aunque solo sea un leve recuerdo de lo que jamás pudimos vivir. Y ahora bien, dime: ¿Por que me quedé aquí sólo? ¿Dónde estás?
jueves, 23 de agosto de 2012
Creía.
Pensé que me quería. Pobre iluso pensé luego. Y tras tanto pensar, inundado en un mar de ideas que rebotaban en mi alma, llegué a una conclusión. A dos. Yo era demasiado poco para aquella musa. Ella era demasiado para mí. Pero nunca llegaría a saber lo que podía ofrecerle. Y eso me atormenta, y debería atormentarla. No le atormenta. El simple hecho, de que posiblemente se olvide de mí tras un minuto ya me punza el corazón. Quizá no haya pensado en mí ni ese minuto. Y si de parara a pensarme, a lo mejor encuentra esa, anulada de antemano, posibilidad de que la sorprenda. Pero nunca lo sabré, y eso duele.
Y ya lo dijo Zenit: "No puedo competir con él, porque el tiene moto, pero el no puede como yo, ofrecerte el cielo."
jueves, 7 de junio de 2012
Una breve reflexión.
domingo, 3 de junio de 2012
Promesas.
"Como habrás descubierto, no llegué a esa cita que tanto deseabas, por favor, todo he de explicártelo, pero debe ser en la parada del tren, pues me voy. No sin antes despedirme. Ven. Juro que estaré allí"
¿Podía fiarme de nuevo? Ya había soportado el primer envite y no quería ser víctima de otro embeleco como el que había sufrido. Pero no era la razón la que en ese momento dictaba mis actos. Aún con lágrimas de rabia en los ojos salí hacia la estación. Llegué jadeando, al borde de la asfixia. Postrada en aquel banco vi como su lacio pelo refulgía en aquella soleada tarde. La llamé con un sutil toque en el hombro. Se levantó y me miró. Sus ojos expresaban un miedo infundado. En un principio me trató de forma foránea. Luego me miró fijamente, con fuerza y comenzó:
-Tienes que dejar de quererme.
Esbocé una sonrisa.
-No se puede hacer eso...
-¿No te das cuenta? Me voy.
-Adónde. Si me lo dijeras podría acompañarte.
-El sitio al que voy no es el tuyo.
-Dime por qué te vas. -Suplicaba una explicación que no conseguía.
-No eres tú, es todo. Es la vida. Estoy cansada de ella. Quiero cambiar.
-Déjame cambiar contigo. -Mis súplicas comenzaban a convertirse en rabia.
-Deja de quererme, es todo. Me voy. -Un tren silbaba a lo lejos. -No me sigas hasta ese tren. Haz que desaparezca de tu mente.
-No, yo no quiero eso.
-Lo siento... -La lágrima que al final no pudo contener corría su maquillaje. -Adiós.
Me besó y emprendió el camino hasta el tren. Me quedé petrificado, viendo como se esfumaba. El tren no frenaba hasta unos metros después, pero ella no se detuvo a esperarlo, se arrojó a las vías y subió a un tren que sólo ella supo a dónde le llevaba. Un sitio que jamás en mi vida podría descifrar.
"Juré que nunca la olvidaría, y lo prometido, es deuda"