sábado, 2 de marzo de 2013

Las cosas del abismo.


Tengo una barquita encallada
Al borde del abismo
Donde veo un reflejo
De mi mismo
Y tu maldita incomprensión
Veo una libreta
Con canciones de poeta
Veo unas pastillas del dolor
Que se venden con receta
Veo una careta de sonrisas
Nos veo a ti y a mí
Caminando tan deprisa
En una brisa que no deja espacio
Veo en tus ojos un palacio
Veo un mundo grisáceo
Si no estás junto a mí
Veo como el sol recoge al borde del ocaso
Veo en el alba mi fracaso
Comenzando un nuevo día
Con el alma apuñalada
Por la espada del destino
Que dicta mi camino y solo puedo hacerle caso
En este insomnio eterno
Recogí una carta que eran las
Quemaduras del infierno
Tan frías como el más
Duro invierno
Que de blanco paradisíaco
Tiñe las montañas
Y si no es por ti
No saciaría estos nervios
Que me comen las entrañas.

domingo, 3 de febrero de 2013

Tan solo quizá.


Quizá en un párrafo no pueda expresar todo sentimiento con certeza. Quizá mi corazón quedó más lesionado de lo que uno espera. Quizá el alma se halle en estado depresivo vomitando lágrimas de rabia o incluso de impotencia. Ese vaso de agua, tan medio lleno que estuvo dispuesto a derramarse, ese sin sentido de un grito que se esfuma. Esas garras arañando este alma tan poco impoluta. Ese pulso contra mi destino. Ese nudo en la garganta envolviendo un regalo de tristeza. Esa indiferencia entre la vigilia de este sueño, esos entes que sin avisar desaparecen… 

domingo, 27 de enero de 2013

El país de Tú en mi cama.

Aquel donde sólo la ley prohiba levantarme sin besarte, aquel donde fomentar las caricias en tu cuello. Quiero que nuestras fronteras de alborozadas sábanas comprendan que los únicos que tienen ese pasaporte a la  pasión somos nosotros, que el siluetear todo tu cuerpo mientras se eriza se pague con la pena de que muerdas mi labio. Que un abrazo rompa el tratado de tristeza, que tus cabellos sean una selva donde ocultarme. Una Ley Fundamental de un te quiero para ambos, oler tu perfume delicioso. Sentir que mi patria se refleja en tu mirada, que tu corazón palpita deseándome. Mil susurros como himno y algo eterno a pesar del buenas noches».

domingo, 23 de diciembre de 2012

Recuérdeme el dolor.

La miraba sin descanso, repasaba su silueta cautiva de la sábana, giraba su cuello de fina piel, su aliento dulce que alimentaba mi alma, sus ojos tiernos, su maldito conjunto. Me deslizaba con ella por cualquier pasaje que algún día sobrevoló mi mente. Recuerdo que reíamos, llorábamos; sentíamos siempre intensos, sus caderas más anchas que mi alma, más estrechas que el universo me enloquecieron. Y acabaron por destrozarme. ¿Y de qué sirvió? Te fuiste con la mirada posada en el futuro, en romper otro corazón; pero sirvió para que hoy, cuando vuelva a intentar dibujar tu contorno en aquel testigo directo que fue el colchón, me arranques del alma una leve sonrisa. Sin duda lo que más me duele es tener que alimentar al pasado mientras el amor se muere de hambre.

lunes, 12 de noviembre de 2012

El tiempo es nunca.

El tiempo siempre tan relativo se me hizo eterno y allí, en medio de una nada invisible, mi esperanza envejeció.
Nunca supe ni sabré lo que podría haber pasado en esos instantes tan distintos. Nunca conoceré si hice lo correcto. Pero con voz queda, con un pequeño atisbo de tristeza y más bien pocas conjeturas esbozo, quizá con socarronería, quizá intentando ocultar una marea revuelta de intersecciones entre alma y razón un «Adiós para siempre» que curiosamente escapará a la nada. Pues nada terminó por pasar.

“El tiempo de engañar a los hombres se acaba.” — Pedro I. Emperador de Brasil.

domingo, 23 de septiembre de 2012

El Yo de sin tí.

Mientras te recuerdo en este insomio insoportable que me ataca cada día. Arrancándome de soñar contigo para pensar en si hice mal en atreverme. Pensando en aquel día en que la poca sombra que quedaba se esfumó sin dejar ni rastro de mí. Pues mi alma marchó contigo. No hay remedio para este mortificado, que sentado sobre la cama recoge recuerdos que a veces le emocionan y otras le enrabian. Es frustante pensar en tí. Sí. Es frustrante no poder quemarte en mi mente como fotos que se derriten a trozos en la chimenea que encendí y que combustiona mi alma. Ya no recuerdo tu figura. Se me han olvidado los tonos de tu susurro. Pero jamás podré olvidarte. Porque el yo de sin tí se alimenta de verte cada día como el último, como el primero. Aunque solo sea un leve recuerdo de lo que jamás pudimos vivir. Y ahora bien, dime: ¿Por que me quedé aquí sólo? ¿Dónde estás?

jueves, 23 de agosto de 2012

Creía.

Pensé que me quería. Pobre iluso pensé luego. Y tras tanto pensar, inundado en un mar de ideas que rebotaban en mi alma, llegué a una conclusión. A dos. Yo era demasiado poco para aquella musa. Ella era demasiado para mí. Pero nunca llegaría a saber lo que podía ofrecerle. Y eso me atormenta, y debería atormentarla. No le atormenta. El simple hecho, de que posiblemente se olvide de mí tras un minuto ya me punza el corazón. Quizá no haya pensado en mí ni ese minuto. Y si de parara a pensarme, a lo mejor encuentra esa, anulada de antemano, posibilidad de que la sorprenda. Pero nunca lo sabré, y eso duele.

    Y ya lo dijo Zenit: "No puedo competir con él, porque el tiene moto, pero el no puede como yo, ofrecerte el cielo."