sábado, 8 de febrero de 2020

Separación de bienes.

‹‹Son increíbles las cosas que uno sabe en el borde de la urgencia: una templanza particular enlazada con la desesperación››

                   MALÉN DENIS.

 ‹‹Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda››

                   ANTONIO OREJUDO.

Tú tenías los ojos muy abiertos y tu sonrisa, ahora, la recuerdo maligna, aunque dudo que fuera así en aquel momento. Recuerdo que leí a John Cassavetes decir en su biografía que, si un director cedía lo mínimo ante un productor, la identidad de la película estaría comprometida. En realidad, estaba hablando de los juegos de poder. Después de tantos años casados, pensamos que teníamos que reavivar la llama, encontrar algo que nos hiciera despertar como conjunto. Por eso cedí aquella vez. Pero en realidad yo no quería. Cuando te recuerdo en cuclillas —ambos estábamos completamente desnudos—, haciendo caca en el mármol del patio y cuando me recuerdo a mí cogiendo uno de tus zurullos, aún templado, me cuesta creer que reuniera el valor para hacerlo. Te veo eyaculando con la cara desencaja mientras yo sostenía la caca en las manos. Pero lo peor fue luego. Eso tan sólo fue el principio y al menos tuviste la decencia de limpiarlo tú. Simplemente me lavé las manos y dije Ya está, ahora ha desaparecido. Luego todas nuestras conductas sexuales se transformaron en decisiones tuyas. Adquirir un rol de sumisión no me molestó. Me molestó que yo no tomé ninguna decisión al respecto. Después del episodio del zurullo simplemente era así. Luego vino lo de esa mujer que trajiste a casa. Tú quisiste que yo mirara y yo miré, pero cuando ella y yo quisimos interactuar, tu pasivo agresividad creó una atmósfera demasiado incómoda y ella se fue un poco nerviosa. Me produce escalofríos pensar en que yo no me daba cuenta. Los ejemplos se iban sucediendo uno tras otro y yo accedía a ellos automáticamente. Que me apagaras el cigarrillo en la espalda mientras cocinaba me hizo saltar las alarmas. Tú jamás te hubieras comportado así. En veinte años siempre supimos solucionar las cosas mediante un diálogo profundo. Cuando me tocaste el cuerpo y me besaste con violencia después de lo del cigarrillo tu aliento a tabaco y café solo me produjo náuseas. Esa noche comentaste que te habías pasado. Cuando lo dijiste yo fui consciente de que no te había dicho nada al respecto y eso era intolerable, pero me callé. En nochebuena me pediste que insultara a Maite y Daniel y yo lo hice. Me fui al baño a llorar. Ellos no nos volvieron a llamar en muchos meses, casi un año. Desde el episodio de la caca recuerdo mi vida de manera extraña, como si se tratase de un sueño en el que piensas Esto no es un sueño, y te alivia despertarte. Ayer dijiste que hoy sería La Gran Noche, que celebraríamos por todo lo alto la renovación de nuestra relación. Comentaste algo que me asustó mucho: como colofón yo te partiría las articulaciones. Suelo desear que lo que ocurre, en realidad, es que estás endemoniado o alguien te ha echado una maldición. No creo que sea así, lamentablemente. Creo que eres tan tú como lo eras cuando te consideraba la mejor persona que había conocido jamás. Querría, con todas mis fuerzas, ayudarte, ayudarme, romper esta barrera extraña y tratar de hablar esto. No puedo. Sé que no podré. Que caeré bajo tus ordenes y te partiré las rodillas y las muñecas y los codos y los tobillos y eso no puede suceder, porque me moriría luego al verte destrozado. Espero que el hecho de que me haya ido y leas esta carta te haga despertar. Signifique lo que signifique eso. Yo me marcho. Sin duda, es lo mejor. Al final la separación de bienes nos va a venir bien.

domingo, 2 de febrero de 2020

Carretera


La maraña de luces en la noche ofrecía la ciudad, a lo lejos, como una postal preciosa y tranquilizadora, pero ninguno de los dos pudo darse cuenta. En la radio sonaba because I´m happy[1] y su agradable y positiva melodía se mezclaba con el repetitivo y paranoico sonido de los cuatro intermitentes. Las marcas de neumático en el asfalto tenían forma de S. Solía conducir ella, sobre todo de noche, pero esa noche se encontraba demasiado cansada y le pidió a él que le hiciera el favor de conducir. Ahora ella, sentada en el asiento del copiloto, se miraba sus propias manos, posadas en los muslos y entrelazadas. Durante un largo rato no quiso levantar la cabeza. Él intentó pensar un por qué a lo que acababa de ocurrir. Primero se había quedado en estado de shock, mirando largamente al volante, sin decir ninguna palabra ni con la boca ni con la cabeza. Después le pareció inadmisible. Y finalmente le resultó preocupante. Llevaban más de quince años casados. Él intentó pensar en algo que hubiera dicho en la cena. Algo que había podido molestarle, pero no encontró nada. Sus corazones latían a un ritmo demasiado rápido, pero sus cuerpos y sus rostros parecían muertos. Mientras iban por la autovía, a ella le había sobrevenido un pensamiento intrusivo. Le había pasado más de una vez y, conversando con diferentes personas en diferentes momentos de su vida, había llegado a la conclusión de que no era algo extraño. Incluso había tenido esa conversación con su propio marido y habían reído porque era una situación que ambos habían experimentado. Pero esta vez ella lo había materializado. Había dado, sin previo aviso, un volantazo en plena autovía desde el asiento del copiloto. La maniobra de su marido, sorprendido, los había llevado hasta el arcén. El suelo de gravilla antideslizante los había salvado de una muerte segura. Ninguno de los dos escuchó los pitidos de otros coches. Ella se miraba las manos. Él no sabía que decir. La agradable temperatura dentro del coche, gracias a la calefacción, los sumió en un leve estado de letargo. Con la mirada perdida, ella salió del coche y volvió a entrar por una de las puertas de los asientos traseros. Se puso el cinturón y se tumbó sobre sus propios brazos. Él se frotó la cara y decidió que lo mejor era hablarlo todo en casa. El resto del trayecto lo hicieron en silencio. Él no volvería a conducir de noche jamás.



[1] Título de la canción: Happy.
Cantante: Pharrell Williams.
Álbum: GIRL.
Compositor:  Pharrell Williams.
Discográfica: Back Lot Music, Columbia.
Año: 2013.
Género musical: Neo Soul.


martes, 17 de septiembre de 2019

EMBECES LA BIDA NO ES COMO KEREMOS


Raúl y Rui se conocieron de casualidad una noche en la que uno de ellos vomitó y el otro volvía a casa. Por lo visto, Rui había hecho la clásica bomba de humo para recuperarse de sus desproporcionadas ingestas de alcohol. Al parecer, Raúl no lo estaba pasando muy bien y prefirió irse a su casa. Ambos convergieron en aquel sencillo banco de la plaza más turística de la ciudad. Aunque, a decir verdad, en la noche ya cerrada que nos ocupa en esta historia sólo existían, en las tenues y anaranjadas luces que mostraban tímidamente al mundo aquella histórica plaza, algunos tristes, algunos noctámbulos sin techo ni suerte y algún incompetente. Pero para ellos, tan solo fueron sombras de un mundo ajeno al suyo. Rui esbozó una última arcada junto al escupitajo clásico del final de una emesis y, con la mirada aún medio perdida e inspirando un trago largo de aire, encontró el rostro en borroso claroscuro de Raúl. Qué, dijo Rui. Nada; que si necesitas ayuda, respondió Raúl. ¿Y tú quién eres? ¿Yo? Da igual, necesitas ayuda o no. Rui, con el particular arrastre del habla de un individuo en intoxicación etílica lo volvió a mirar y espetó: siéntate y hablamos. Raúl se sentó. Ahora los ojos de Rui lo enfocaban mejor. Rui sintió una agradable sensación al poder descubrir unos pómulos deslumbrantemente atractivos. ¿Quién eres? Le volvió a preguntar. Pero entre ambas preguntas, léxicamente homónimas, había un tono particularmente homófono. Si la primera vez utilizó esta pregunta para que Raúl se sintiera rechazado, la segunda vez su tono pretendía penetrar en las instancias más recónditas de un humano con la guardia del alma baja a altas horas de la noche. Cuando la vista de Rui se zafó al fin de los vaivenes del mareo, durante un momento, supo que podía arrepentirse de todo lo que su ebria lengua dijera aquella noche. Raúl movía las piernas y contestó: yo soy Raúl. ¿Qué cosas esas del nombre, eh, Raúl? ¿Y por qué lo dices? Pues porque es una condena. Tú te llamas así, te llamarán así te pese o no, luchar contra tu nombre solo puede ser una forma de rebelión; alguien te exigirá un por qué. ¿Por qué te llamas Raúl? Pues porque mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo, etc… se llamaban así. ¡Esa sí que es buena! Condena con agravantes. Condenado a llamarte como ellos porque cada uno se ha ido proyectando en el otro para que fuera igual que él… ¡empezando por el nombre! ¿Quién eres realmente, digo? ¡Es que… qué pregunta esa! ¿Debería respondérsela al primer borracho que me pregunte por la calle? Te diría que te la podrían contestar mejor las personas que me conocen, pero siento que te estaría mintiendo. ¿No lo saben? Claro que lo saben, pero la realidad, al menos la mía, es más compleja. La tuya y la de todos, supongo, Raúl. Sí, por supuesto, ya lo sé. Pues soy, soy… no sabría por donde empezar. La verdad que prefiero estar a ser. ¿Estar? Sí, por ejemplo, aquí contigo; me parece agradable y no sé por qué. Rui agachó la mirada y se sonrojó, pero Raúl, por culpa de la escasa luz, no pudo descubrir sus mejillas encendidas. ¿Si te insisto en la pregunta sentirás que te estoy agobiando? No, claro que no. La quiero contestar. Soy una persona con dudas. Ese quizá sea el comienzo. ¿De qué dudas? De todo un poco. Por lo tanto, también dudaré de ese quien que ocupa la parte central de la pregunta. Pero también dudo de que los demás sepan algo. Creo que ya se quien soy: soy los frutos inconexos de como los demás han moldeado lo que pudo haber sido. Esa es mi realidad. Soy muy poco de mí y mucho de los contextos y personas que me ha tocado vivir. ¿Y quieres ser eso? Pues claro que no. ¿Y qué vas a hacer? Supongo que deconstruirme y luchar contra mi mismo y mis conveniencias. ¡Anda, si ha leído a Derrida! Y Focault, respondió Raúl. Y a la Butler, replicó Rui. Pero también tengo miedo, eso me frena. Todos tenemos miedo, Raúl, y todos somos culpables. Me gusta tu cara, dijo Raúl. Y a mí tus pómulos. Preguntas cosas muy impertinentes, pero me gusta tu tono de voz; hace que quiera contestarlas. No tienes por qué contestarlas si no quieres. Pero sí quiero, a lo mejor así encuentro respuestas. Yo no las tengo. Ya, ni yo; sólo quiero acercarme a quien soy y tu presencia me invita a ello… ¿puedo tocarte el pelo? Rui volvió a sonreír nervioso y dijo: claro, como quieras. No sé, Raúl, ¿Quiénes somos? Pues dos desconocidos con dos realidades diferentes sentados en el mismo banco e interactuando entre sí. Eres guapo, se atrevió a decir Rui, y volvió a sentir que podía arrepentirse toda la vida de las palabras que dijera aquella noche. Raúl sonrió y le pasó dos dedos por la mejilla. Rui preguntó: ¿no te da miedo salir de fiesta maquillado? Puede ser, pero me atrevo más que en casa: ellos jamás me han visto así, siempre me hago el make up en casa de alguna amiga. Raúl preguntó: ¿lo ves normal? Rui dijo: me da asco la normalidad, es la más sutil de las dictaduras. Se te ve recuperado después de la raba que has echado. Rui sonrió, Lo que no sé es como has podido sentarte justo en frente de esta asquerosidad; ¿Tienes una poesía favorita? Sí, SALA DE ESPERA PARA MADRES IMPACIENTES, de Rosa Berbel. No la he leído. Pues es impresionante, acuérdate mañana. Estoy reventado, seguro que es de echar este pedazo de pota, dijo Rui. Te puedes recostar sobre mi hombro si quieres. Vale, dijo Rui y, al recostarse, con un bello gesto, Raúl le secó el sudor frío que se le había quedado impregnado en la frente a causa del esfuerzo. Rui levantó los ojos y cogió el cuello de Raúl con las dos manos. Ambos se rieron y juntaron sus labios con parsimonia. Los labios, cerrados al principio, se abrieron levemente y las manos, como las corazas de aquellos dos entes extraños habían quedado pacíficamente a un lado, llegaron por los muslos hasta la zona púbica. Allí, Raúl descubrió el cuerpo disidente que intuía. Cuando el largo beso terminó, los ojos cerrados hicieron que el mareo volviera a Rui y tuvo que inclinarse de nuevo. La mano de Raúl quedó en uno de sus muslos y preguntó: Bueno, ¿y tú quien eres? Yo soy Rui. ¿Rui? Sí, Rui. ¿Y que nombre es ese? Pues uno mejor que el tuyo: este lo he elegido yo. ¿Y que significa? Nada, pero es neutro y eso me gusta. Entonces Rui… ¿quién eres realmente? Cuando Rui se preparaba para dar una respuesta concienzuda a Raúl, observó como este tenía la mirada perdida. Al tratar de devolverlo con él, observó que no respondía a ninguno de sus estímulos. Rui pensó que si se trataba de una broma era demasiado pesada, pero, de repente, Raúl cayó del banco y se estampó la cara contra el suelo. Rui avisó, manteniendo la calma a pesar de la inaguantable ansiedad por la que estaba pasando, a la ambulancia. Cuando puso el flash de su móvil para socorrerlo o reanimarlo, el tono azul de la piel de Raúl le causó un miedo que jamás había experimentado antes y que jamás olvidaría. Cuando los rápidos servicios de urgencias llegaron, Raúl ya estaba muerto y fue imposible reanimarlo.   
En el hospital le dijeron que probablemente había sido un Síndrome de Brugada. Cuando se lo dijeron, los padres de Raúl estaban allí. Cuando les entregó las pertenencias que se habían desparramado en la caída: un colorete y las llaves de su casa, Rui les dijo: quiero que sepan que, al menos antes de irse, nos dimos el beso más bonito que recuerdo. Los padres de Raúl se miraron entre sollozos y confusión. Cuando identificaron el cuerpo, vieron el rostro azulado de su hijo maquillado por primera vez. Los padres de Raúl se miraron entre sollozos y confusión. Su padre pensó que mañana enterraría a un desconocido, pero se llevó a la tumba esa reflexión interior. Su madre se acercó a Rui y, entre sollozos y burguesa compostura, le comunicó que, si quería, se podía ir a dormir, que ya había hecho suficiente. Rui la abrazó y se fue. Cuando el sol levantino le dio en los ojos y una lágrima caía por su mejilla, pensó que hacía demasiado tiempo que no lloraba. Chupó el cigarro y con el humo de la calada apareció también una reflexión: a veces la vida no es como queremos. Y al visualizar un meme que contenía esa frase, sintió que no tenía escrúpulos. Eran las 9 de la mañana y una pequeña librería de barrio estaba abierta, pero Rui no conseguía recordar el nombre de la autora que Raúl le había recomendado.

sábado, 22 de junio de 2019

Smoke bomb

Y alrededor de la hora tercera, Rafaello exclamó a gran voz, diciendo: CARMA, CARMA, ¿LEMA SABACTANI? Esto es: CARMEN, CARMEN, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?
Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: Este llama a Satorre.
Y al instante, uno de ellos corrió, y tomando un kalimocho, lo empapó en tequila y mora, y poniéndole una pajita, le dio a beber.
Pero los otros dijeron: Deja, veamos si Satorre viene a emborracharle o es cierto que hizo bomba de humo.
Entonces Rafaello, clamando otra vez una arcada, exhaló el espíritu.
Y he aquí, el velo de Porrón se rasgó en dos, de arriba abajo, y Alambique tembló y La Parada y el Vhada se partieron;
y los sepulcros se abrieron, y los cuerpos de muchos bebedores de kalimocho con absenta que habían dormido resucitaron;
y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Rafaello, entraron en las Cuatro Calles y le dieron palique a muchos.
Florín y los que estaban con él custodiando a Rafaello, cuando vieron el terremoto y las cosas que sucedían, se asustaron mucho, y dijeron: En verdad éste Salía de fiesta con Satorre.

lunes, 20 de mayo de 2019

Rendimientos del Trabajo

El contribuyente no está obligado a declarar
-Un plano secuencia de Orson Welles-
Señor, necesito la fecha de caducidad de
Su Documento Nacional de Identidad
-Los ojos en Ozu no se encuentran en el plano contraplano-
Casilla 475, base imponible general
-La intimidad de dos gitanas, por Arancha Echevarria-
Hay una disposición transitoria 4
Que reduce la tributación
De operaciones de seguro
-Un travelling de ida y vuelta, marca de la casa de Tarkovsky-
¿Vendió algo el año anterior?
Su ganancia patrimonial no está exenta,
-La ópera prima de Andrea Jaurrieta me recordó a David Lynch-
Los valores fiscales le fuerzan
Patrimonio
-Tuve que llamar a alguien especial tras Secretos y Mentiras de Mike Leigh-
Incrementos de deducción por guardería
-El monólogo final de la última de John Huston-
La vivienda habitual no tributa y
El préstamo vinculado a la hipoteca se deduce
Si es antes de 2013
-Bergman nos oculta la verdad de las hermanas y nos ofrece a Bach en su lugar-
Estimación objetiva por actividad
Agraria modular
Autónomo de pago fraccionado
Se deduce también los gastos de su actividad
-John Cassavetes improvisa una película-
Precálculo:
No existe nada extraño en la base
Imponible del ahorro
-Somos la desesperación de Luis XIV y las culpas son para Albert Serrá-
Preparada para listar
Leer declaración
Firmar y enviar
-A veces quiero ser una especie de legado de Buñuel-
Conforme
Soy un robot que ingresa datos de otra gente
Termina el día y sigo soñando
Con ser alguien que no tiene nada que ver
Con lo anterior

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Eyacular como pretexto

Agarras mi sangre erguida
y portentosa
Hago yo lo mismo con la tuya
recreamos movimientos regulares
las frentes chocamos,
entre onomatopéyicos gemidos animales
comunicamos nuestras intenciones
(nos permitimos algún apunte sigiloso)
empezamos a atacarnos con vehemencia
nuestros músculos bucales
tratan de encontrar el punto débil,
juego de presiones
lamemos nuestros cuerpos
no queda ápice alguno de lamento
el desafiante silencio de tus ojos
aprieta los sinónimos,
tu calentura sabe lo que dice
«he venido a devorarte»
nuestra nívea viscosidad,
el exhalado estertor que
confesamos al caer muertos
depredadores empatados chocaron
sus frentes y lucharon por
hacer uno sus fuegos
«he venido a devorarte»
«ambos estábamos hambrientos»

domingo, 9 de septiembre de 2018

Ir.

Cuando llegué ya te habías ido. En el cine había poca gente, pues la película era de un húngaro llamado Bela Tarr y la mayoría consideró que sería algo aburrido. Tú ya habías llegado a tu destino, a la nueva vida; esto lo supuse. Yo lloraba por el primer plano del rostro de un hombre desvalido (que en ese caso no era yo), mientras tú hacías las paces con la lluvia.

jueves, 12 de julio de 2018

Decons-G

Pero, al parecer, eyacular con un dedo metido en el culo no es una opción relevante para los varones heterosexuales. Para ponerte en contexto tienes que entender que para todo mi círculo social mi intención de comerme una polla pasaba completamente desapercibida. Y que yo era un hetero consolidado. Así que me descargué Grindr. Claro, en una ciudad tan pequeña contaba con que algún amigo de hiciera captura del nuevo caramelito que llegaba a la acera. Llegó un punto en que me la sudaba completamente y no tenía ganas de ir contando que es lo que quería meterme en la boca, ¿Acaso se te fuerza a ti a contar ese tipo de cosas? Pero nunca había sido víctima de la presión social implícita que había en el mundo gay y de la cultura que se había desarrollado en torno a aquello. Al final quedé con uno de los chicos que no había incoado la conversación en base a una foto de su pene. Obviamente, sí, después entendí por qué le jodió bastante aquello de pedir ser discreto. La verdad es que era un «yogur azucarado» de veinte años, delgadito, un twink, vaya. Si te digo la verdad, tenía un pollón o, al menos, daba esa sensación, como suele ocurrir en las erecciones de chicos muy delgados. No, eso me daba igual, lo que me carcomía las sienes era el hecho de no saber si debía darle dos besos o la mano. Es lógico que te parezca una gilipollez, pero intenta descifrarlo cuando alguien se te acerque jodidamente seguro de sí mismo mientras bambolea las caderas ora al noroeste, ora al noreste. Y yo con esa cara de mierda que se me queda cuando pienso que todo Dios me está mirando y juzgando, mientras soplo compulsivamente entre las paletas. Él lo notó, joder si lo notó. Gritó: Helloooo!!! ¡Guapísimo! Y me plantó dos besos muy cerca de los labios. Petrificado, sí, yo estaba petrificado. Hasta que me dio un golpe como los que daba El encantador de perros y dijo: Ay, deconstrúyete, chica. Tuvimos una conversación tan profunda que, parafraseando al cómico uruguayo Godoy: “era el tipo de persona que piensas en llevarla a tu casa para que conozca a tus padres, lógicamente, cuando tus padres no están en casa”. No, no vamos a desviar esta conversación hacia el cruising, tan sólo diré que será una práctica residual cuando exista una aceptación real de la homosexualidad y no esta tolerancia paternalista. Por supuesto que acabamos follando, pero tuvo que ver con la profundidad de la conversación. A veces chupar un genital está más relacionado con lamer el otro cerebro que con cualquier atracción corporal. Aunque estaba buenísimo, sí. No creo que las adolescentes quieran tener un amigo gay sino un amigo con pluma. Siempre me ha parecido un fetiche extraño. En cambio, los hombres heterosexuales rehúyen a los hombres afeminados, por una patética cuestión de asociación con lo que no son al ir con quien sí lo es. Puro egocentrismo heterosexual, como suele ocurrir. A lo que iba, por supuesto que acabamos teniendo sexo. No, no, no creo que el sexo anal sea difícil, más bien lleva ancladas ciertas diligencias previas que pueden solventarse eficazmente. Ahora sí que tienes que entender que yo no era quien soy ahora y mis comportamientos radicaban completamente en la construcción heteronormativa de mi persona, algo que era obvio por haber crecido como tal. A lo que quiero llegar es a lo siguiente, cariño: yo tenía el mismo tipo de fragilidad masculina en relación con la introducción de objetos en el ano que tienen la mayoría de los hombres heterosexuales. Pero la verdad es que si te estoy invitando a que lo hagas con tu pareja es porque es una auténtica imbecilidad no degustar la estimulación prostática. Como dice Al: ojalá todos experimentáramos la sensación de corrernos con algo metido en el culo. ¿Qué? ¿Activo o pasivo? Esto no es el chat Terra en 2007, por favor. Así que, yo qué sé, deconstrúyete, chico. Claro que no me parece extraño que hayas pensado en comerte una polla alguna vez.
Sí, ya... Quizás tengas razón en que esta ciudad aún no es tan moderna para entenderlo.
 

lunes, 7 de mayo de 2018

***r

Nunca supe escribir este poema
Quizá por aquello que tú dices:
En realidad no sé nada de mí mismo
Aún así hoy advierto que,
Aunque parezca irrelevante,
El ridículo juega un papel
De suma importancia
En tu vida y en la mía
Cuando están entrelazadas

Cómo podría explicarme,
Sin caer en el exceso de intensidad
Que tanto odio cuando escribo.
Supongo,
He de recordarte
Que soy esa clase de persona
Que no puede dormirse algunos días
Hasta que cae la madrugada
Porque le vienen a la mente
Hechos estúpidos
De los que fue partícipe
Hace tiempo

Por eso me resulta incongruente y,
A la vez,
Medida en que te quiero
La actitud infantil que tomo
Tantas veces
Frente a ti,
Cuando te hablo como un niño
O cuando al estirar los brazos
Sacudo las manos
Deseando que me abraces
Y que este actuar
Pueril y extraño
No suponga en mis intrínsecos
Análisis
La alteración de mi ritmo cardíaco
Como tantas nimiedades,
Con seguridad menos estúpidas,
Suponen a lo largo de mis días
Una respiración forzada.
También puedo decir:
Que prefiero que seas tú el que
Al tumbarnos
Con los brazos me rodeé
Que sea yo, por conclusión,
Quién quede recostado sobre el pecho,
Queriendo protección,
Aunque veces al ritmo
De tu pulso sopese
Tu ansiedad y eso diga
Más de la mía que de la tuya.

domingo, 6 de mayo de 2018

Divagaciones sobre un retraso.

Carmen Satorre posó las manos a la inversa sobre sus riñones y exclamó un suspiro. Ver a aquella vieja fiestera embutida en un camisón de pre-mamá me hacía especial gracia: el gesto de las manos en los riñones combinado con aquel camisón azul y adornado de patitos amarillos le hacía parecerse a una auténtica señora de pueblo.
Cuando los seis hombres y dos patos que tenían más probabilidades de ser el verdadero padre rechazaron de facto la paternidad, La Eva, Durduguita y yo decidimos, en un acto de atroz locura, criar al bebé (junto con su orgullosa madre) con lo mejor de cada cual.
Supongo que lo peor del embarazo fueron los antojazos de chorizo por los que pasó Satorre, convertida durante toda la gestación en una madre embrutecida por culpa del cambio hormonal. Me refiero, con esto, a aquellos momentos en los que, a sabiendas de su embrutecimiento, con la mayor calma posible, le pedía que si Por Favor Cuando Le Viniera El Regustazo No Me Lo Echara En La Cara Como Las Cinco Veces Anteriores, a lo que solía responder con un codazo en el pecho y elucubrando que yo tenía un plan para dar a su retoño en adopción porque no la consideraba  una buena madre.
El contraluz desde el ventanal hace de una Satorre recostada sobre sus propias manos una fotografía bellísima. Que justo en ese momento una masa gelatinosa se le haya caído del coño, para alguien ciertamente escrupuloso como yo, es un poco asqueroso. Asquerosamente bello, supongo. Satorre se ha limitado a gritar mirando hacía sus propias aguas mientras torcía las rodillas como una polluela desvalida. La Eva dice: ¿Nena es real? Yo estoy profundamente callado, sin saber que hacer, a la espera de recibir alguna orden concreta proveniente de un grito de Durduguita. Creo que llegué al hospital en taxi, pero la situación me está superando. Satorre está tumbada en una camilla y delirando, alguien dice, Tu eres el padre, ¿No? Entra. Digo, ¿Qué? Y las cuatro manos detrás de mí me empujan hacia dentro. Tengo que respirar, pienso. Le daré la mano. Satorre sopla y sopla, gime con dolor y, apretando mi mano derecha con fuerza desmedida, tira de mí y me suelta un puñetazo con la mano libre. De repente ese hedor de nuevo. Ese dulzor asqueroso que me provoca arcadas. Todo, justo cuando el bebé emerge de ese coñazo inmenso que se le queda a una madre tras parir. ¿Qué es? ¿A qué me recuerda? ¿Por qué este niño suelta este hedor tan asquerosamente familiar? Una matrona estuvo de Erasmus en Polonia y dice, Nunca había visto una placenta hecha tan solo de Soplica de Avellanas.
Alguien dice mientras entran a la sala: Nena, que mi madre al final se ha tirado a Chxx(ilegible)ro.

martes, 27 de febrero de 2018

Discrusivo inconcluyente.

Somos, acaso,
De barro moldeable
Diciendo inconsistencias
Qué nosotros mismos
Tratamos de asumir,
Hasta que la vida
Nos vuelve a hacer pasar
Por el giro de su torno
Y transforma aquel discurso...
¡Qué más da!
Si no existe diálogo
En hacer verbo
Tu mirada.

domingo, 21 de enero de 2018

Tienda de chucherías.

Fue en el cajetín de los melones. Sí, lo recuerdo muy bien. Aunque se entreveía poco desde la puerta, translúcida y con un cartel de ``vuelvo en un minuto´´, recuerdo perfectamente esa situación tan sumamente extraña. Los melones de chicle son un producto extremadamente duro cuando aún no han sido triturados por los dientes y ablandados por la saliva. Por eso me resultó producto de un buen trabajo buco-lingual que ella, MVxyz, la madre de Vxyz, los destrozara con tanta facilidad con las manos. Asumí que era producto de una causa-efecto. Quizá es cierto que deberían haber tomado más precauciones que las que tomaron, aunque también es cierto que la curiosidad, a todas luces potentísima en mi persona, hizo que me acercara a visualizar la tiendecita por dentro. Otra persona hubiera asumido la vuelta inminente, pero es verdad que me acerqué a visualizar tras la puerta translúcida que tenía un cartel de ´´vuelvo en un minuto´´. Más parecía un mastín leonés bebiendo sediento de un barreño tras conducir el rebaño en agosto que un señor de mediana edad comiéndole el coño a una señora de mediana edad. Supongo que la desesperación por encontrar sexo después de cierto tiempo en el dique seco le llevó a tratar el sexo oral con aquella extasiada alevosía. Esa era la causa efecto. La verdad es que MVxyz, a causa del oralmente predispuesto Chxx(ilegible)ro, estaba dejando (produciendo un efecto) la cajeta de melones de goma de mascar de poquísimo valor nutricional totalmente echada a perder. Yo no había visto a MVxyz en ningún momento de mi vida. Ni siquiera pude reconocer que era ella. Víctima de un impulso posterior a la observancia del interior desde la puerta translúcida donde había pegado un cartel de ´´vuelvo en un minuto´´ acabé por descubrirlo.
Chxx(ilegible)ro, que yo recuerde, siempre había hecho una serie de bromas, tan suaves como impertinentes, a Vxyz. La broma consistía en que, basándose en la belleza, tema espinoso donde los haya pues, ¿es la belleza un producto estrictamente subjetivo o, acaso, los cánones impuestos por el desarrollo social de lugares concretos, extrapolados luego a la generalidad de zonas socio-económicamente parecidas, dictaban el curso de lo considerado bello e influían, imperceptibles, en nuestros gustos? de Vxyz, por unos escasos conocimientos de genética humana, basados en la máxima cerril de ´´si así está la hija como estará la madre´´ que incluía, como vemos, ciertas predisposiciones machistas, más por edad-contexto donde fue educado, consideraba necesario conocer a MVxyz en algún momento de su funesta vida, más por ahorrar en ´´webcamers´´ que por otra cosa concreta.
Lo que nunca me esperé es que la broma tuviera doble sentido y, en realidad, estuviera diciendo: normal que esté así la hija, viniendo de su madre. Una hija de su madre. Genéticamente más preciso, todo quede dicho. 
Lo raro es que lo recuerde tan bien todo, habiendo estado la puerta translúcida con un cartel de ´´vuelvo en un minuto´´ la mayoría del tiempo que estuve observándolos. Nunca había sentido esa sensación de extremo voyeurismo, pero cualquiera hubiera retirado la mirada veinticinco minutos antes de que yo lo hiciera. Ahí empecé a sospechar de cierto parecido Vxyz-MVxyz. Volvieron a mí, nítidas, todas las bromas de Chxx(ilegible)ro en forma de recuerdo compacto. Él es calvo. Ella le frotaba la calvicie atolondrada como si fuera la bola de una pitonisa de cuyo nombre no quiero acordarme. Y, de repente, un impulso, una premonición: era MVxyz. Ese ``deseo o motivo afectivo que induce a hacer algo de manera súbita´´ me recorrió el cuerpo y, acto reflejo, empujé la débil puerta de latón y se abrió de sopetón. Él, por su parte, dejó de empujar. Ella quiso recogerse el pelo y subirse las bragas encaje intimissimi. Es muy difícil hacer dos actos mecánicos al mismo tiempo, no obstante, quedé sorprendido por la velocidad. 
Tres personas. Una puerta abierta. Un calvo de mediana edad morcillón. ¿Por qué cojones he entrado? ¿Qué digo? Hay que asumir el balbuceo, pero considero pertinente que diga algo. Se ha corrido en el cajetín de los huesitos rojos y blancos de gominola. No creo que vuelva a comprar chuches en esta tienda. He sido preciso al entrar y no ha podido evitarlo. Mejor que en los pantalones, que se acartonan. Ellos me miran. Chxx(ilegible)ro ya me ha visto alguna vez y creo que no le caigo muy bien. Se está cagando en mis jodidos muertos. Han pasado seis segundos. Es demasiado tiempo para una situación tan extremadamente tensa. ¿Debería respirar hondo antes de hablar? Tiene media cara pegajosa del flujo vaginal. Se ha tirado buen rato abajo. Sabía lo que hacía. Ocho segundos... debo balbucear:
-
' -Tú... tú... tú eres MVxyz.
-Ah, ¿qué Vxyz viene aquí? Pues todo es de muy poco valor nutricional.

miércoles, 10 de enero de 2018

Persona.

Quise abrir las raíces verdes, que
brotara  manantial cobrizo
rojo tinto, no poder
coser
de manera ninguna
el desparrame de mi cáliz.
las manos me miré,
fuera de mí hube de sentirlas
toqué con ellas al espejo; una persona
nada mas,
una persona
Luego a mi rostro llevé
esa misma mano,
una piel, un espejo,
ahora os digo: extraños,
yo os entiendo
ahora me recuesto,
aunque la espalda me duela de la noche,
calmado,
pues el rostro te acaricio
y al pasar por tu piel mi mano
las raíces ya no me atormentan.
Nos damos de beber, uno al otro,
de su cáliz.

lunes, 11 de septiembre de 2017

sábado, 27 de mayo de 2017

Volver a Puerta Purchena

Y si digo de mirar al suelo
Observando la pisada eterna
Marcada en el cemento cuando
Aún fresco podía olerse

Y si digo entonces
De alzar la vista
Elucubrar con la difícil luz
Con la que el sol perturba,
Quejumbrosa
Esta oleada de edificios
Asumir que no pertenezco a este lugar:
Moncloa

Tiro un porro casi hecho
Un intermitente en un
Área de servicio
En medio de la nada de Castilla
Sólo podía ser
La Benemérita​
No quiero pedirle piedad,
Dar la tonta explicación
Que ese polen será un obsequio
De mi casa
Para quien me ha conocido en esta capital
A la que no aprecio en absoluto

Madre dice que prefiere que no vaya
En el de las 23:55
Supone por claras estadísticas
La peligrosidad a la que
Se expone
Quien la noche está viajando
Cojo el nocturno sin embargo
Tengo pesadas razones para hacerlo

Y si digo de mirar al suelo​
Alzar entonces la mirada
Y que los rascacielos no perturben
En ciernes
Esta luz irrefutable

Y si digo de ponerme andar
Tocar la calle con mi huella efímera
Recorrer las siete am
De esta esquina meridiana
Y al pasear los ojos por
El desierto urbano
No haber usado aún los dientes de aluminio

Para poder decir la simple paz

                           «Ya estoy en casa»

domingo, 7 de mayo de 2017

Nada dice

Siempre he querido escribir
este poema,
Que traza un silencio crudo
Aquello:
lo no dicho casi nunca

Pues sólo necesito
quede implícito,
Apaga rota la garganta

Los ojos aprovecha
y su sal

No conoce el camino hasta
la puerta
su pecho cierra
Complejo mecanismo,
maldita cerradura

Claudica de su intrínseca
memoria

Algún momento

Espera
Que el pasadizo
Duela menos

A quien la nada de estos versos previos
Interprete.

lunes, 27 de marzo de 2017

Brevísima opinión en contra de la intención de formalidad que se ha pretendido dar a ´Vida y opiniones de los filósofos ilustres´ de Diógenes Laercio y que te estoy recomendando sin que te des cuenta.

Diógenes Laercio está sentado en algún lugar poco interesante del vasto Imperio Romano allá por el siglo III después de la venida de Cristo. Trata de disfrutar de ciertos fragmentos a los que ha podido acceder con mayor o menor fortuna de filósofos pasados, de aquella esplendida época que se atribuye a una generalidad que llamamos Grecia. También quiere aprender sobre otros muchos filósofos de aquella generalidad que hemos concentrado en el concepto Grecia, así, disfruta de charlas con diferentes ciudadanos romanos, interesado en su totalidad, teme perder estas conversaciones, estos fragmentos en la lúgubre habitación del olvido, decide, pues, tomar pequeñas notas de todo lo que allí se discute y debate sobre éstos hombres de escuelas físicas, éticas y dialécticas de tiempos pasados.

Diogenes Laercio es, en el Siglo III después de la venida de Cristo, incapaz de considerar si quiera que su lúdica tarea será víctima de críticas, alabanzas y demás muchos siglos a la postre.

Hay cierto empeño en Hegel en atribuirle un intento de una Historia de la Filosofía llevada de manera lamentable. Así, los que alaban su compilación lo hacen desde un punto de vista más benévolo pero siguen atribuyéndole una visión académica que, una vez leída su compilación, parece no tener ni pies ni cabeza.

De este modo, parece versar esa compilación de filósofos, no sobre su filosofía, sino, sobre un interés en el modus vivendi desde un punto de vista carente de intereses intelectuales como pueden ser sus filosofías o enseñanzas y se observa un punto de vista que versa sobre lo anecdótico y la más humana de las curiosidades. No parece observarse en Vida y opiniones de los filósofos ilustres más que un interés llano sobre una cultura pasada y esa intencionalidad académica de tratar esta obra desde un ´´intento de aportación cultural en todo su esplendor´´ en vez de un soporte de ayuda personalísima es difícil predicarlo una vez inmiscuido en la lectura.

Diógenes pasa a la Historia como historiador de la época clásica, pero leer su obra, su mal uso de la escritura, su desorden, son hechos que desvirtuan esa mentalidad académica de que ésta fue su intención. Lo que no resta a que sea una doxografía bellísima e interesante, dado el hecho de versar sobre temas que el estricto estudio de las escuelas y pensadores suelen dejar al margen.

jueves, 23 de febrero de 2017

Indómito ser

Hay la niebla,
Luego la lluvia escupe
Veo en el pecho charco
Y desconsuelo
Observo el ente oscuro
Que palpita
Indómito ser que
A veces duerme,
Despierta algunos días
Postrado al desconcierto
Todo es niebla
En aquellos ojos
Lágrimas tras ella
Lluvia sigue siendo
¿A quién pertenecía?

viernes, 10 de febrero de 2017

Onírico Templo.

Desconozco la entrada a este lugar y soy conocedor de que no está permitida mi entrada en la vigilia. Este es un hecho raro, pues soy del todo propietario de este conjunto de escenas intangibles. En ellas tú has muerto, o al menos sueles morir, pero el uso de la vida y el óbito no te son exclusivas, nunca serán tuyas y ni siquiera eres. Aquí mis padres tampoco lo son, aunque conozca sus rostros cuando dominan el azul de un lago bebiendo con rigor café a las horas vespertinas. Aquí no sois nada ni nadie, sino producto de mi, una suerte de deidad a quien se le otorga la confianza de adentrarse en su propio imperio sin que nadie explique todo este significado. A veces acaricio los rostros de estos habitantes idénticos a algunos, pero su faz arenosa se encamina ya en el primer roce a desvanecer todo su cuerpo. Esto no es importante, pues en cierto tiempo, cuando esta psique que domina los portones de la realidad impenetrable de la que hablo los deje entrar de nuevo, formarán parte de un nuevo espacio y tiempo y se deberán a razones que ni su propio Dios es capaz de explicarles, y es que en su concepción del todo humana, le sería imposible hacerse cargo de una responsabilidad como aquella. En esta realidad solo hay un nexo común y causal: Yo. Un yo ontológico que siempre cae en alguna de estas muestras de una verdad que en una realidad exterior sería a todas luces imposible, pero sin duda se hace partícipe de ella y hasta su matinal retorno se encuentra convocado a unos hechos que en todo momento han sucedido. El lugar y tiempo donde lo hayan hecho no importan aquí, han sucedido. Habitaron seres hostiles, muchos intentaron herirme e incluso asesinarme, una vez fui perseguido hasta los confines de un exilio que era ésta primaria vida para el ser que soy allá. Aquí también he podido acabar muerto por acciones que me fueron propias, éste es sin duda uno de los sueños recurrentes sobre ello: conduzco un automóvil con la seguridad de no conocer su mecanismo y suelo caer desde una carretera que se acantila hacia la mar y en el aire la paradoja siempre se repite, el hecho de caer sobre la muerte segura me devuelve siempre a esta realidad vivaz sin conocer nunca el resultado; esto es la muerte en todo su esplendor, supongo. Aquí me enamoré otras veces: había una mujer con los ojos todo en negro como si una pupila inmensa abarcase la totalidad de sus cuencas, sorbía a veces las lágrimas que caían de un sauce, era aquello su alimento, pero si sorbía en exceso se henchía todo su cuerpo y se hacía líquido, dando como resultado un manantial de agua cobriza. Canturreaba una sensible melodía, aturdía mis extremidades y me atraía siempre a ella, con todo, besarle no era posible. Viajé a una Alemania donde se hablaba argentino, hablé con Eneas sobre los avances del pequeño Iulio cuando resulté ser su curador. Pero hubo un juez alguna vez, él siempre fue el ser que mas me llamó la atención de todas las épocas que hube visitado. Siempre se mostró lejano, desde un estrado inmenso que elevaba su figura hasta un cielo grisáceo a media tarde. Dudé muchas veces de quien era, algunas pensé que era mi abuelo, de quien solo recuerdo en la vigilia sentarme en su Cherokee mientras depositaba su boina en la cabecita de un niño rubio; otras sopesé la idea de que fuera Borges, de quien aprendí la máxima de que la lectura era esencial para el que tomaba la pretenciosa decisión de darse a la escritura y a quien vi como un abuelo en ese menester. Allí todo era blanco excepto el cielo, y aunque su idioma era ininteligible para mi habla, todo aquel en mi situación hubiera optado porque sugería que subiera a un atril para hacerle las pertinentes preguntas. Este es un hecho irreductible, pues cualquiera en esa situación hubiera sido yo en otro tiempo pasado o futuro. Después vinieron las preguntas. La primera fue sencilla ¿Quién eres tú? Podría aquí haber jugado con cierto humor si me hubiere encontrado en el exterior de aquel complejo oniríco o si el sueño mismo no hubiera tenido un tinte tan solemne y decir aquello de Yo soy el que soy. Aun todo lo que pasare en este mundo que me es propio, siempre nacía de un ser concreto al que se le había otorgado un nombre: Soy Rafael Monterreal. Entonces prosiguió; ¿Quién es Rafael Monterreal? Yo no pude contestar a ese señor, pues si sus visitas iban a ser periódicas en todo momento obtendría una respuesta volátil. Así quedé condenado a vivir hasta que supiera una respuesta. Planteo, desde la más intuitiva de las corazonadas, que obtener esa respuesta y tras ello transportarla a aquel ente senil y de rostro dudable, llegaría en la última de mis visitas, esto es, la permanente. Pero la muerte o es más simple o más compleja, aunque esto es algo que no estoy, como ninguno de los vivos, en posición de elucubrar.

martes, 24 de enero de 2017

Absenta Dreams


A los que compartieron conmigo madrugadas de rostro grotesco y decadencia controlada
Mas aún, a los que homenajearon conmigo a Harambe en su dolorosa ausencia.





No tengo que ver,
en absoluto,
con poetas y artistas
de mediados
del previo centenario

Mas entre aquellos y
mis noches alargadas
se comparte un fervor
por el ajenjo fermentado

con vino de cartón,
ruin y barato,
absenta en vidrio embotellada
refresco de cola tamaño familiar

En los antros
Donde sucumbo
A lo mundano
se vierte este elixir
que, veleidoso,
a la persona de mi ser convoca

Aquella que propia se sincera y reconcilia
sufre el tambaleo de la memoria,
sueña con extractos surrealistas
Causa-efecto
De la muerte de un consciente despreciado


¡Oníricas maravillas
esta ambrosía anisada capaz es de otorgarme
y yo profeso!

Despierto con amnesia y taquicardia.