viernes, 22 de agosto de 2014

Puntos Suspensivos.

Soy libre de izquierda a derecha, 
De atrás hacia delante
A lo largo y ancho, definitivamente.
Pero soy presa, prisionero, esclavo, al fin y al cabo, de mi interno fuero
De mis contradicciones sentimentales
Entre claros, nubes y la noche
Cuando se dibuja en el techo liso que observo
Sueños que al despertarme ya no quiero
Y cuando intento remarcar, inúltimente,
Este punto final que tanto anhelo
Le siguen siempre dos puntos más
Que lo encadenan para ser
Tres puntos suspensivos.

lunes, 21 de julio de 2014

Manifiesto

Quiero arañarle algunos metros al horizonte,
Descubrir lo que esconden sus esquinas
Y esa línea delgadísima,
Lo último que avisto.
Que el cielo anaranjado de una tarde
Reviva mi mente adormecida, 
Como un enamorado que intenta robarle minutos a la luna.
Deseo con humildad y fuerza
Volver a ser dueño de mi mismo,
No perderme como antes y resurgir de un agobio
Ansioso, insomne y que ya no me es, en absoluto, llamativo.

sábado, 1 de febrero de 2014

Solo tú.

Y cuando fumaba mi última calada le dije:
          ¿Lo ves? Parece el sol despertando al alba, o su refulgir ya tenue al escaparse.
  ¿Lo oyes? Parece el agua cristalina tropezando con el rompeolas y dejando su rumor de espumas.
¿Lo sientes? Es mi corazón palpitando, es mi dolor ahuyentado solo al verla. Es mi vida en un suspiro. Es todo por lo que lucharía hasta morir, lo único que vale la pena eternamente.
¿Pero, qué tengo que ver, que tengo que sentir, que tengo que oír, qué es?
Y la rodeé por su cintura y giré tímidamente nuestros cuerpos hacia el espejo:

        Es tu sonrisa que me alivia. Son tus ojos verdes que me dan seguridad. Eres tú.  Solo tú…

viernes, 27 de diciembre de 2013

Viajes irreales.

El piano de Bethoven suena en algún sitio, no le molesta, más bien le tranquiliza. El corazón se nota palpitante en su pecho y sus párpados exhaustos caen derrotados. Las pupilas buscan una luz inconquistable y su cerebro ya no parece activo, el sofá con un cojín aterciopelado que soporta los riñones lo atrapa durante algún tiempo. Y comienza a caminar. El ambiente es maravilloso, no sabe como ha llegado hasta allí, pero las hojas otoñales que caen sobre los preciosos bancos de piedra blanca y sobria le encandilan. Un brazo le rodea por la cintura y el olor de ese perfume es tan perfecto que lo cree inverosímil, unos labios se posan en su cuello y acaricia ese rostro que alguna vez fue suyo, y le caen dos lágrimas por las mejillas que al tocar el suelo convierten todo aquello en un manantial. Y allí están ellos, sin decir nada, de la mano, observando el agua cristalina a la luz de un sol perfecto, sentados sobre un verde pasto que se hace inmenso con solo mirar al horizonte... Y súbitamente Bethoven ya no suena, y todo empieza a deshacerse, un sonido estridente lo devuelve al mundo real, es el despertador avisándole de que su tiempo ha terminado, se repasa las mejillas con las manos y recoge las lágrimas saladas que podían hacer todo posible y ella ya no está, su rostro se ha perdido en aquel mundo idílico del que él creyó formar parte, y al mirar el reloj me doy cuenta de que solo han pasado treinta minutos, treinta maravillosos minutos que al despertar se transformaron en una eternidad inservible. Recuerdo que llegué a casa con un dolor de riñones tremendo, pero me dolió más saber que nunca más conseguiría besarla, pues, aunque me desgarra el alma, nunca más viajaría 'donde habita el olvido'...

martes, 15 de octubre de 2013

Alma luctuosa.

Las lágrimas caen sobre ella y no se reconocen. El pelo al aire y su corazón al cielo, pues no palpita nada dentro, un vacío repentino que me asombra y desequilibra mentalmente. Las venas de mi frente muestran una rabia interna, una cárcel propia de la que, en ocasiones, no se puede escapar. El tiempo se paraliza y mi mirada foránea busca algo inexpugnable. Algo que tenía en mis brazos durante esta eternidad imposible. Durante un sueño nada duradero donde un alma que quisiste te visita.

martes, 9 de julio de 2013

Donde esté mi paraíso

Su cuerpo, delgado y moreno, tan dorado que refulgía a la luz entrometida del sol que incidía en sus ojos verdes fuerte y traspasaba el alma humana de esa diosa terrenal cuando llegaba por las persianas tímidas que buscaban, en su cama, el purgatorio. Y en su cuello todo un paraíso.