Carmen Satorre posó las manos a la inversa sobre sus riñones y exclamó un suspiro. Ver a aquella vieja fiestera embutida en un camisón de pre-mamá me hacía especial gracia: el gesto de las manos en los riñones combinado con aquel camisón azul y adornado de patitos amarillos le hacía parecerse a una auténtica señora de pueblo.
Cuando los seis hombres y dos patos que tenían más probabilidades de ser el verdadero padre rechazaron de facto la paternidad, La Eva, Durduguita y yo decidimos, en un acto de atroz locura, criar al bebé (junto con su orgullosa madre) con lo mejor de cada cual.
Supongo que lo peor del embarazo fueron los antojazos de chorizo por los que pasó Satorre, convertida durante toda la gestación en una madre embrutecida por culpa del cambio hormonal. Me refiero, con esto, a aquellos momentos en los que, a sabiendas de su embrutecimiento, con la mayor calma posible, le pedía que si Por Favor Cuando Le Viniera El Regustazo No Me Lo Echara En La Cara Como Las Cinco Veces Anteriores, a lo que solía responder con un codazo en el pecho y elucubrando que yo tenía un plan para dar a su retoño en adopción porque no la consideraba una buena madre.
El contraluz desde el ventanal hace de una Satorre recostada sobre sus propias manos una fotografía bellísima. Que justo en ese momento una masa gelatinosa se le haya caído del coño, para alguien ciertamente escrupuloso como yo, es un poco asqueroso. Asquerosamente bello, supongo. Satorre se ha limitado a gritar mirando hacía sus propias aguas mientras torcía las rodillas como una polluela desvalida. La Eva dice: ¿Nena es real? Yo estoy profundamente callado, sin saber que hacer, a la espera de recibir alguna orden concreta proveniente de un grito de Durduguita. Creo que llegué al hospital en taxi, pero la situación me está superando. Satorre está tumbada en una camilla y delirando, alguien dice, Tu eres el padre, ¿No? Entra. Digo, ¿Qué? Y las cuatro manos detrás de mí me empujan hacia dentro. Tengo que respirar, pienso. Le daré la mano. Satorre sopla y sopla, gime con dolor y, apretando mi mano derecha con fuerza desmedida, tira de mí y me suelta un puñetazo con la mano libre. De repente ese hedor de nuevo. Ese dulzor asqueroso que me provoca arcadas. Todo, justo cuando el bebé emerge de ese coñazo inmenso que se le queda a una madre tras parir. ¿Qué es? ¿A qué me recuerda? ¿Por qué este niño suelta este hedor tan asquerosamente familiar? Una matrona estuvo de Erasmus en Polonia y dice, Nunca había visto una placenta hecha tan solo de Soplica de Avellanas.
Alguien dice mientras entran a la sala: Nena, que mi madre al final se ha tirado a Chxx(ilegible)ro.
domingo, 6 de mayo de 2018
Divagaciones sobre un retraso.
martes, 27 de febrero de 2018
Discrusivo inconcluyente.
Somos, acaso,
De barro moldeable
Diciendo inconsistencias
Qué nosotros mismos
Tratamos de asumir,
Hasta que la vida
Nos vuelve a hacer pasar
Por el giro de su torno
Y transforma aquel discurso...
¡Qué más da!
Si no existe diálogo
En hacer verbo
Tu mirada.
domingo, 21 de enero de 2018
Tienda de chucherías.
Fue en el cajetín de los melones. Sí, lo recuerdo muy bien. Aunque se entreveía poco desde la puerta, translúcida y con un cartel de ``vuelvo en un minuto´´, recuerdo perfectamente esa situación tan sumamente extraña. Los melones de chicle son un producto extremadamente duro cuando aún no han sido triturados por los dientes y ablandados por la saliva. Por eso me resultó producto de un buen trabajo buco-lingual que ella, MVxyz, la madre de Vxyz, los destrozara con tanta facilidad con las manos. Asumí que era producto de una causa-efecto. Quizá es cierto que deberían haber tomado más precauciones que las que tomaron, aunque también es cierto que la curiosidad, a todas luces potentísima en mi persona, hizo que me acercara a visualizar la tiendecita por dentro. Otra persona hubiera asumido la vuelta inminente, pero es verdad que me acerqué a visualizar tras la puerta translúcida que tenía un cartel de ´´vuelvo en un minuto´´. Más parecía un mastín leonés bebiendo sediento de un barreño tras conducir el rebaño en agosto que un señor de mediana edad comiéndole el coño a una señora de mediana edad. Supongo que la desesperación por encontrar sexo después de cierto tiempo en el dique seco le llevó a tratar el sexo oral con aquella extasiada alevosía. Esa era la causa efecto. La verdad es que MVxyz, a causa del oralmente predispuesto Chxx(ilegible)ro, estaba dejando (produciendo un efecto) la cajeta de melones de goma de mascar de poquísimo valor nutricional totalmente echada a perder. Yo no había visto a MVxyz en ningún momento de mi vida. Ni siquiera pude reconocer que era ella. Víctima de un impulso posterior a la observancia del interior desde la puerta translúcida donde había pegado un cartel de ´´vuelvo en un minuto´´ acabé por descubrirlo.
Chxx(ilegible)ro, que yo recuerde, siempre había hecho una serie de bromas, tan suaves como impertinentes, a Vxyz. La broma consistía en que, basándose en la belleza, tema espinoso donde los haya pues, ¿es la belleza un producto estrictamente subjetivo o, acaso, los cánones impuestos por el desarrollo social de lugares concretos, extrapolados luego a la generalidad de zonas socio-económicamente parecidas, dictaban el curso de lo considerado bello e influían, imperceptibles, en nuestros gustos? de Vxyz, por unos escasos conocimientos de genética humana, basados en la máxima cerril de ´´si así está la hija como estará la madre´´ que incluía, como vemos, ciertas predisposiciones machistas, más por edad-contexto donde fue educado, consideraba necesario conocer a MVxyz en algún momento de su funesta vida, más por ahorrar en ´´webcamers´´ que por otra cosa concreta.
Lo que nunca me esperé es que la broma tuviera doble sentido y, en realidad, estuviera diciendo: normal que esté así la hija, viniendo de su madre. Una hija de su madre. Genéticamente más preciso, todo quede dicho.
Lo raro es que lo recuerde tan bien todo, habiendo estado la puerta translúcida con un cartel de ´´vuelvo en un minuto´´ la mayoría del tiempo que estuve observándolos. Nunca había sentido esa sensación de extremo voyeurismo, pero cualquiera hubiera retirado la mirada veinticinco minutos antes de que yo lo hiciera. Ahí empecé a sospechar de cierto parecido Vxyz-MVxyz. Volvieron a mí, nítidas, todas las bromas de Chxx(ilegible)ro en forma de recuerdo compacto. Él es calvo. Ella le frotaba la calvicie atolondrada como si fuera la bola de una pitonisa de cuyo nombre no quiero acordarme. Y, de repente, un impulso, una premonición: era MVxyz. Ese ``deseo o motivo afectivo que induce a hacer algo de manera súbita´´ me recorrió el cuerpo y, acto reflejo, empujé la débil puerta de latón y se abrió de sopetón. Él, por su parte, dejó de empujar. Ella quiso recogerse el pelo y subirse las bragas encaje intimissimi. Es muy difícil hacer dos actos mecánicos al mismo tiempo, no obstante, quedé sorprendido por la velocidad.
Tres personas. Una puerta abierta. Un calvo de mediana edad morcillón. ¿Por qué cojones he entrado? ¿Qué digo? Hay que asumir el balbuceo, pero considero pertinente que diga algo. Se ha corrido en el cajetín de los huesitos rojos y blancos de gominola. No creo que vuelva a comprar chuches en esta tienda. He sido preciso al entrar y no ha podido evitarlo. Mejor que en los pantalones, que se acartonan. Ellos me miran. Chxx(ilegible)ro ya me ha visto alguna vez y creo que no le caigo muy bien. Se está cagando en mis jodidos muertos. Han pasado seis segundos. Es demasiado tiempo para una situación tan extremadamente tensa. ¿Debería respirar hondo antes de hablar? Tiene media cara pegajosa del flujo vaginal. Se ha tirado buen rato abajo. Sabía lo que hacía. Ocho segundos... debo balbucear:-
' -Tú... tú... tú eres MVxyz.
-Ah, ¿qué Vxyz viene aquí? Pues todo es de muy poco valor nutricional.
miércoles, 10 de enero de 2018
Persona.
Quise abrir las raíces verdes, que
brotara manantial cobrizo
rojo tinto, no poder
coser
de manera ninguna
el desparrame de mi cáliz.
las manos me miré,
fuera de mí hube de sentirlas
toqué con ellas al espejo; una persona
nada mas,
una persona
Luego a mi rostro llevé
esa misma mano,
una piel, un espejo,
ahora os digo: extraños,
yo os entiendo
ahora me recuesto,
aunque la espalda me duela de la noche,
calmado,
pues el rostro te acaricio
y al pasar por tu piel mi mano
las raíces ya no me atormentan.
Nos damos de beber, uno al otro,
de su cáliz.
lunes, 11 de septiembre de 2017
sábado, 27 de mayo de 2017
Volver a Puerta Purchena
Y si digo de mirar al suelo
Observando la pisada eterna
Marcada en el cemento cuando
Aún fresco podía olerse
Y si digo entonces
De alzar la vista
Elucubrar con la difícil luz
Con la que el sol perturba,
Quejumbrosa
Esta oleada de edificios
Asumir que no pertenezco a este lugar:
Moncloa
Tiro un porro casi hecho
Un intermitente en un
Área de servicio
En medio de la nada de Castilla
Sólo podía ser
La Benemérita
No quiero pedirle piedad,
Dar la tonta explicación
Que ese polen será un obsequio
De mi casa
Para quien me ha conocido en esta capital
A la que no aprecio en absoluto
Madre dice que prefiere que no vaya
En el de las 23:55
Supone por claras estadísticas
La peligrosidad a la que
Se expone
Quien la noche está viajando
Cojo el nocturno sin embargo
Tengo pesadas razones para hacerlo
Y si digo de mirar al suelo
Alzar entonces la mirada
Y que los rascacielos no perturben
En ciernes
Esta luz irrefutable
Y si digo de ponerme andar
Tocar la calle con mi huella efímera
Recorrer las siete am
De esta esquina meridiana
Y al pasear los ojos por
El desierto urbano
No haber usado aún los dientes de aluminio
Para poder decir la simple paz
«Ya estoy en casa»
domingo, 7 de mayo de 2017
Nada dice
Siempre he querido escribir
este poema,
Que traza un silencio crudo
Aquello:
lo no dicho casi nunca
Pues sólo necesito
quede implícito,
Apaga rota la garganta
Los ojos aprovecha
y su sal
No conoce el camino hasta
la puerta
su pecho cierra
Complejo mecanismo,
maldita cerradura
Claudica de su intrínseca
memoria
Algún momento
Espera
Que el pasadizo
Duela menos
A quien la nada de estos versos previos
Interprete.